jueves, 13 de agosto de 2009

De la Reina Federica a mi hermana: negligencia y corporativismo

A propósito del “terrorífico” error de la enfermera del hospital Gregorio Marañón, Juan José Güemes, consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, de quien depende el centro sanitario, ha tenido la honestidad y la valentía de reconocer que “los errores de las enfermeras a veces se hacen más visibles que los de los médicos”.
Estas palabras ponen de manifiesto el tema del corporativismo, en unas profesiones más acusado que en otras. Entre los galenos es como una proyección del secreto hipocrático. No sucede lo mismo entre los periodistas, un oficio no sólo poco solidario, sino cainita.
Si la muerte del pequeño Rayan hubiera sido por un error médico, posiblemente nunca lo hubiéramos sabido.
Este columnista tiene dos elocuentes y desgraciados malos ejemplos que respaldan, de una forma elocuente, lo que pienso: la Reina Federica y mi hermana Mari Ángeles.
En el primero de los casos, nunca se supo qué sucedió, realmente, el día 6 de febrero de 1981 en la clínica madrileña donde falleció la madre de Doña Sofía. Sólo que había muerto tras una pequeña intervención quirúrgica. Sin mayor importancia.
El doctor que la intervino declaró que el riesgo de la operación “era menor que el que se corre cuando uno va de su casa al trabajo”.
Se trataba de extirparle lo que, en la terminología médica, se conoce como santelasma, que no es otra cosa que una acumulación de colesterina, en este caso, en los párpados, y que se manifiesta en forma de manchas amarillentas un poco gruesas. Pura cirugía estética.
Eran las 16.15 cuando la Reina Federica entraba en el quirófano. La intervención duró, exactamente, hora y media.
Aunque la regia paciente volvió en sí de la anestesia general (fue ella quien quiso que se la durmiera), con plena lucidez, hablando y comentando lo bien que se sentía. Dado su buen estado fue trasladada directamente a la habitación. Dos horas después… estaba muerta.
Dicen que se tragó la lengua. Lo único cierto es que, si hubo infarto, como se dijo -no hay por qué dudar que fuese así-, éste se produjo antes de que la Reina saliera del postoperatorio.
¿Tenía que haber permanecido en la UCI antes de ser trasladada a planta? A lo mejor sí.
¿Presunta negligencia? ¿Fue el corporativismo de los médicos que la intervinieron lo que hizo que todo quedara en un desgraciado infarto?
Aunque la negligencia de los médicos, en el caso de mi hermana, que no hay duda de que existió, no tuvo resultado de muerte, la dejaron en coma durante un mes. Su estado, hoy, no llega a sombra de lo que fue.
Lo suyo, como lo de la Reina Federica, era una operación sin importancia: una lesión en un pie fácil de solucionar en media hora, con anestesia local.
Pero transcurrieron nada menos que cinco horas sin que ningún médico saliera a explicar, ni a mi cuñado, que también es médico, lo que estaba pasando en el quirófano.
Cuando al final se pudo acceder se encontraron a mi hermana en tal estado que no se pensaba pudiera salir viva.
¿Qué había pasado en esas cinco horas durante las cuales ni tan siquiera el cirujano pudo operarla?
A estas alturas nadie ha dado explicación de tan grave negligencia. Al parecer, durante todo ese tiempo, lo único que intentaron es que no se muriera después de haber estado muerta varios minutos, con la consecuencia de lesiones cerebrales que le produjo. ¿Por culpa del anestesista que, como la enfermera del Gregorio Marañón, se equivocó confundiendo vena con arteria?
¿Corporativismo? Sin duda alguna. Corporativismo y negligencia médica.
¡Ay, si el error hubiera sido culpa de una enfermera como la pobre del Gregorio Marañón! ¡La hubieran sacrificado!

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